lunes, 28 de abril de 2008

Pies


Hace unos días he conocido a un chico, Javi, de unos 23 años, coincidimos mirando discos en Fnac y acabamos comentando varias elecciones, al final salimos de la tienda muy tarde y nos fuimos a tomar unas cervezas, todo quedó en unas risas y cada uno siguió por su lado, yo tenía que entrar a trabajar en el Bar y él debía regresar porque trabajaba por la mañana.
Hoy le he recogido en moto, sobre las 6 de la tarde salía de trabajar, y nos hemos ido a su piso porque vive solo, en un ático del centro de Granada, un único espacio dónde se encuentra la habitación-salón y cocina y con un único cuarto de baño. Al subir las escaleras ya aluciné de cómo un edificio tan antiguo podía estar rehabilitado de un modo tan contemporáneo y bonito al mismo tiempo, pero fue al entrar en el piso cuando aluciné, todo era precioso, modesto pero precioso, ordenado, limpio, con el suelo de parqué y unas ventanas enormes que dejaban entrar mucha luz.
"Pasa", me dice al verme boquiavierta en la puerta. Entré y ví como se acercaba al frigorífico para coger una botella con zumo y un vaso, me miró y me preguntó si quería con un gesto, asentí con la cabeza y cogí el vaso. "Tienes un antro espectacular", le dije admirada por lo bonito que era el piso, "bah, me gusta la decoración", me dijo sin darle importancia a mi perplegidad.
"Yo tengo que darme un duchazo que apesto, enciende la tele o coge el portátil si quieres", diciendo esto entró al baño, dejando la puerta entreabierta. Eso era una señal, esperé bebiendo mi zumo a escuchar el agua de la ducha y me desnudé antes de entrar. Estaba de espaldas, con el agua cayéndole en la cara, todo estaba lleno de vapor, en cambio no parecía quemarse, cuando abrí la mampara del plato de ducha se dio cuenta de mi presencia, se echó a un lado dejandome espacio, el agua me caía entonces a mí. Parecía cortado, aunque había dejado la puerta entreabierta con un fin claro, una vez mojada le acerqué hacia mí cuerpo y le quité la esponja con la que empecé a frotarle la espalda, a la vez que el agua nos caía encima, las caricias se mezclaban con la espuma, aún nunca nos habíamos besado. Estabamos desnudos, abrazados, acariciándonos, mojados... el agua se quedó fria y ni nos dimos cuenta, entoncés dejé caer la esponja que se fue al sumidero al tiempo que con ambas manos dirigía su cara hacia mis labios para besarle, entre el fría agua, que nos chorreaba por el pelo y la cara.
Javi cerró el agua y sin secarnos nos fuimos a la cama, sin dejar de besarnos, apartamos la colcha y lo mojamos todo, los 35 grados del verano nos facilitaban el climax sin llegar a pasar frío. Esta vez la pasión se había quedado a un lado para dar paso a la ternura, a las caricias y los besos, al tiempo que corría deprisa y que no notábamos. Me encontraba sentada, repostada en el cabecero de la cama cuando él empezó a lamer mi dedo gordo del pie derecho, siguiendo con los demás, lentamente, con una lengua que me hacía enloquecer, me miraba con sus ojos negros y al mismo tiempo acariciaba y masajeaba mi pie, yo sin contenerme le empecé a acariciar el pene con el otro pie, algo que pareció gustarle pues se quedó inmóvil, quité mi pie derecho de sus manos, aún lleno de babas, y con ambos empecé a masturbarle.
Se notaba que nunca le habían hecho algo así, pero le gustaba, esta vez no me importaba no correrme, teníamos tiempo de seguir jugando, quería ver hasta qué punto le excitaba que le masturbase con mis pies... Esta vez cogió mi pie izquierdo y lamió toda la planta, algo que me hizo consquillas pero pude contenerme, sabia lo que quería, continué con el ritmo lento y constante, le gustaba y a mí también, cuando mis propios pies se dieron cuenta se corrió llenándome los pies de semen y dejándose caer hacia atrás, de la propia excitación, estaba muy sexy así, de rodillas, apoyado sobre sus pies y recostado hacia atrás. "Alucinante" fue su frase, extendió las piernas y se quedó tumbado, con la cabeza en los pies de la cama, yo me volví y me tumbé junto a él, me besó lentamente, muy suavemente. "Me ha encantado", me dijo al mismo tiempo que me rodeaba con un brazo, no quise exigirle nada, ni pedirle nada, me conformé con dejarme abrazar y caer dormida.