martes, 12 de agosto de 2008

Punk


Aunque mi ambiente habitual es el heavy anoche decidí pasarme por una placita donde algunos colegas punkis se ponen a beber litros, por saludar a Pablo que hace meses que no le veo.
Nada más entrar en la plaza todos me miran; vaqueros, camiseta de tirantas roja y botas, el pelo lo llevo suelto, pelirrojo como siempre, y voy sin maquillar, me miran con cara de ¿tu que haces aquí? Pero si intimidarme me acerco a un banco donde esta el único que no me mira, Pablo, que está liándose un pitillo. Ya cerca de ellos algunos hacen amago de decirme algo, como si de una intrusa me tratase, pero se quedan callados esperando ver qué voy a hacer.
A sabiendas del clima que me rodea me pongo frente a Pablo tapándole la luz de la farola que iluminaba su mano, mira hacia arriba y casi deja caer el porro dándome un abrazo, "cuidado que lo tiras" le digo, y me da dos besos "pero tu que haces por aquí???" En ese momento como un inmenso suspiro suelta la tension de todos los demas, que dejan de estar en silencio, y le dicen a Pablo que nos presente. Mientras los saludo a todos el termina de liarse el porro y lo enciende, "la primera calada para la señorita" le doy una calada y se lo devuelvo, otro me ofrece una litrona y no la rechazo, una vez entre colegas nos apartamos y nos contamos algunas novedades despues de un tiempo sin vernos. De pequeños fuimos los dos raros de la clase, con el tiempo nos hicimos amigos y actualmente somos los unicos compañeros que seguimos siendo grandes amigos.
Mientras charlaba con Pablo no dejo de mirar a un amigo suyo, detrás suya, sentado en el banco, es el único que no habla con los demás, está mirándome fijamente, con una mirada ¿celosa? no lo sé, quizás solo curiosa. Pablo y yo nos acercamos al grupo dando por finalizada la parte más privada de nuestra conversación y el le habla a los demás de quien era yo, contando anécdotas del colegio, recordando viejos motes y comentando actuales cambios... yo me rio pero sin quitarle el ojo al chico aquel, Manu creo que se llamaba.
La noche avanza cada vez mas etílica y fumeta, los porros nos hacen reirnos de todo y el alcohol nos nubla el equilibrio, la gente se dispersa, algunos ya estan potando en algún árbol y yo aprovecho para sentarme junto al tal Manu, que parece no decir nada. "Te ha comido la lengua el gato?" le digo mientras me siento, a lo cual responde sacándome la lengua entera, con un pearcing en todo el medio, puff que morbazo!!!
"Soy chico de pocas palabras, perdona", "eso a veces es muy bueno, a veces no hace falta decir nada, tu con miradas me lo has dicho todo". Sin decir nada más se levanta del banco y me mira, me levanto y le sigo, "¿a donde vais?" me pregunta Pablo, "ahora volveremos", no hace falta más explicaciones.
Giramos una calle, otra, y nos encontramos en una calle sin salida, un callejón con a penas una farola que está a punto de fundirse en la esquina, uno de los edificios está en obra y nos entramos entre las vallas para tener aun más intimidad, una vez dentro, sin decirnos nada, nos miramos y nos empezamos a besar con prisas, como si fuésemos a comernos, nuestros cuerpos se juntan, paso la mano por su cabeza rapada y entremezclo mis dedos con los pelos de su cresta. Sus pintas de niño malo me ponen a mil, es más pequeño que yo pero me da igual, me encanta que tenga tantos pearcings, me engacho del pezon hasta hacerle enloquecer, nos quitamos las camisetas y aún sin decir nada, seguimos besándonos y acariciandonos, aunque más que caricia diría que es una lucha por controlar el cuerpo del otro. Mis arañazos se disputan con sus manos fuertes que no quieren sino agarrarme por todos lados, como si me fuese a ir, los mordiscos y chupetones nos dejan llenos de moratones y sin a penas dejar pasar 5 minutos ya estoy colocándole un preservativo para darle fin a tanta agonía.
Todo está muy sucio y no tenemos demasiado tiempo, además ambos nos encontramos algo colocados, miro un montón de ladrillos aún precintados en los que me apoyo mientras me bajo los vaqueros dándole a entender que no queda otra sino "el perrito", me agarra por la cintura y sin dudar me penetra hasta el fondo, me llega a sorprender con qué destreza se mueve sin perder el ritmo, algunas gotas de sudor caen de su nariz a mi espalda lo cual me excita mucho más mientras noto su pene entrando y saliendo de mi vagina en una de las posturas más profundas, en pocas sacudidas ambos nos corremos y el orgasmo nos lleva a desvanecernos, yo me pongo derecha mientras el se apoya en el conjunto de ladrillos quitándose el condón y dejándolo caer en el suelo.
Nos subimos los pantalones y nos miramos a los ojos, aún sin decirnos nada, me besa, esta vez suavemente, cariñosamente, dejando atrás la agresividad con la que habíamos follado, nos ponemos las camisetas y bajamos a la calle donde una fina brisa nos enfría el sudor de la piel, abrazados, aún en silencio, regresamos a la plaza donde esta Pablo con todos sus amigos, se nos espabila el morao y nos sentamos a beber cerveza, uno al lado del otro, mirando al horizonte, "preciosa" me dice al oido, sin decir nada más, vuelvo a darle un último trago a la cerveza, me despido con la mano de Pablo y me voy a casa por donde había venido.