sábado, 22 de marzo de 2008

El confesionario

Semana Santa, días de máxima atención religiosa en Sevilla, me acerco a casa de unos amigos, no creo en Dios, ni en la iglesia, pero sí en las fiestas, si me llaman para una fiesta, allí que pienso estar.
Con toda la gente llego en tren el jueves santo, me recogen unos amigos en la estación y llego al piso de uno de ellos, donde me quedaré a dormir, dejo la mochila con las cuatro cosas que me he traido y nos marchamos a evitar los pasos, a buscar un lote de wisky y con los pitis listos para empezar la fiesta. Atravesamos algún que otro paso y nos vamos a la "pila del pato" una placita pequeña, donde a penas hay gente y podemos acomodarnos en unos bancos, con "pásate un hielo" comienza la noche, "que rule" y que no deje de rular, es lo que pienso, no somos muchos, 7 u 8, y en menos de una hora ya algunos estamos algo contentos y empezando a decir cosas sin ningún sentido.
"¿Nos vamos de chupitos?" sin a penas esperar respuesta nos encaminamos a "la cuesta del rosario" a seguir bebiendo y fumando sin parar, esquivando a la policía y a los pasos de Semana Santa, todo una aventura.
Llegamos a un bar que llaman "La barbería" aunque no pone eso en la puerta, tampoco estoy como para saber por qué, allí conozco a más gente, aunque me fijo en alguien en particular, un chico rubito, joven, quizás un año menor que yo, ojos claros, piel clara, muy lindo, tiene un punto pijo que le da morbo, me encanta ser mala, muy mala.
Dos besos, un chupito, otro, otro, salimos fuera, hace calor, "quiero ver entrar a tal cristo", no lo creo, me estoy ligando a un capillita, esto va contra mis normas, pero las normas están para saltárselas, no? Le acompaño con idea de no perderle de vista, una vez que salen todos los nazarenos, hasta el último, entramos a la iglesia, no sé aún qué hacía yo allí dentro.
La iglesia se queda desierta, todos han salido, me quedo unos pasos por detrás de este chico, no se ni su nombre, miro a un lado, y una sonrisa se me dibuja en la cara, un confesionario, brutal, empiezo a saber qué hago dentro de una iglesia, follar, como siempre.
Le cojo del brazo y sin dejarle preguntar le meto dentro, su fe cristiana y su santidad desaparecen cuando le ataco el cuello como si de una vampiresa me tratase, su olor a Armani Code y mis pulseras de pincho se cruzan en un sinfin de perversiones, le abro la camisa y sigo mordiendo y besando todo su cuerpo, el no sabe que hacer, respira agitadamente, me dice "esto esta mal" entre susurros y convulsiones que le hacen callar en cuanto agarro su pene con fuerza, aún por fuera de la ropa, termino de quitarle la camisa de cuadros mientras el despierta su espíritu animal y me quita la camiseta con cierta torpeza, estamos en un lugar pequeño y no cabemos, suerte que llevo falda y medias de liguero, eso facilita las cosas del mismo modo que excita a este virginal chico que alucina olvidándose de la larga lista de pecados que está cometiendo. Que es virgen lo se desde lejos, eso se huele, y se nota, pero me excita ser su primera experiencia, creo que le pondré el listón bastante alto pero también le enseñaré muchas cosas.
El olor a Armani se va llendo dando lugar al olor a sexo, a sudor, a feromonas, la saliva nos cubre y nuestras manos se chocan buscando lugares donde tocar o dónde coger. Él aún se encuentra sentado, me siento en el suelo y le bajo los pantalones, intenta "ayudarme" a subir pero no se lo permito, sin tocarle el pene le agarro por la cintura y lo introduzco en mi boca, un leve gemido sale de su boca, no puedo creerlo, es totalmente virgen. Tras un rato comiéndole la polla me quito el tanga y me siento en sus piernas, "¿tienes?" me pregunta con un cierto temblor en su voz, "tranquilo, no necesito, tu no puedes tener nada si eres virgen y yo sé que no tengo nada porque me hago análisis a menudo", sonriendo confía en mí y no dice nada más. Pero aún no le voy a follar, me siento encima suya, dejando que el flujo de mi vagina humedezca su pene, vibrante de excitación, y me centro en sus pezones, los que muerdo y lamo asta que una sonrisa le invade la cara. "Creo que me correría de un momento a otro", me dice, "aguanta" le respondo, y sin que le de tiempo a reaccionar introduzco su pene en mi vagina y me agarro a parte de la escultura del confesionario barroco para comenzar a moverme sin parar, con cambios de ritmo, no sabe qué hacer, así que le coloco las manos en mi culo y espalda, que acaricie lo que le plazca, hoy no espero nada, solo quiero que alucine y que no me olvide, que no olvide el modo en el que perdió la virginidad.
Se corre rápido, no es raro, es su primera vez y además le he dado una caña tremenda, yo tan sólo he conseguido un orgasmo pero me contento al tener al menos uno, en alguien virgen es todo una proeza y además me he concentrado en que sea él quien disfrute, sin olvidarme de la excitación que me ha dado el confesionario, su olor a pijo, su inocencia. Me aparto y me pongo el sujetador, de pié, frente a el, que se queda mirándome con cara de bobo, "vístete, nos nos vayan a pillar", despierta de su ensoñación y se sube los pantalones, como si ahora se diese cuenta de todo lo que acaba de hacer, el suelo está lleno de semen y por todos lados hay restos de sudor. Me asomo y no hay nadie en la iglesia, "vámonos" le digo, y me sigue hasta fuera y una vez de nuevo con los amigos, que seguían bebiendo chupitos sin parar me pregunta "¿cómo sabías que era virgen?". Nunca le respondí.

jueves, 13 de marzo de 2008

Backstage


Después de 3 meses currando y estudiando sin parar, me cojo un día libre, no me lo puedo permitir, lo sé, pero viviré todo lo agobiada por verles en vivo. No lo puedo creer, después de 4 años puedo volver a ver a este grupo en vivo, el grupo que más me hace vibrar, que su música me envuelve para llevarme a otro lugar y cuyo batera me tiene loca, es alguien, brutal, cómo se mueve, cómo sonríe, como tiene ese ritmo, buff, qué ritmo, me es imposible no pensar en el ritmo que debe tener en la cama.
Tras salir de la universidad a las 7 de la tarde me cojo el bus que me dejará en la sala donde van a tocar, llego y ya hay un buen número de personas, yo traigo la entrada comprada, y me coloco en el barullo de personas que rodean la puerta de entrada. Vengo sola, quiero disfrutarlo a tope y no me lo puede estropear nadie, quiero sentirlo al 100%, pero de todos modos son muchos los conocidos y los colegas que se pasan a saludarme y que incluso se colocan conmigo para entrar juntos. Yo no les presto atención, estoy centrada en guardar fuerzas para pasarlo en grande.
Me ofrecen una calada a un porro que está rulando, en otro momento no la negaría, yo misma traería mi maría, pero este día no, no quiero que nada me distraiga de la música, quiero vivirlo a tope y poder recordarlo siempre. Sin cámara, sin móvil, sólo las llaves de casa y la entrada del concierto, es lo único que llevo en mis vaqueros negros, junto con una camiseta deportiva, negra también. Botas militares, sujetador deportivo, tanga... todo lo imprescindible para estar cómoda y sin complicaciones.
Cuando abren las puertas nos apelotonamos entrada en mano para entrar los primeros, entre mil personas me resbalo hasta encontrarme muy próxima a la puerta. Ventajas de ir sola, es mas sencillo colarse, no tienes que esperar a nadie y puedes correr buscando la primera fila sin contar con los demás. Libertad.
Llego a la primera línea del escenario, un par de chicos me abren espacio en la valla de seguridad, qué bien sienta a veces tanta caballerosidad... (los 3 sabemos que no me voy a enrollar con ninguno de ellos...). Al rato se apagan las luces, la sangre se transporta a mi piel en forma de calor y mi corazón de acelera, no puedo esperar para pegar un grito de bienvenida a lo que serán los primeros acordes de dos horas de sensaciones indescriptibles. Durante toda la actuación estuve saltando, cantando, gritando, como nunca, olvidándome de todos mis problemas y dejándome elevar a un lugar donde el ritmo, las notas y la letra me crean una nueva realidad donde todo es posible.
Cuando el cantante presenta al grupo me doy cuenta que sólo quedan un par de temas para que acaben y no poder volver a verles en vivo hasta dentro de unos años, aunque el cansancio se va haciendo parte de mi saco fuerzas de mi interior para dar todo de mí durante estos últimos temas.
Se apagan las luces y la gente comienza a salir de la sala, me dejo caer en la valla de seguridad, totalmente agotada, el sudor me ha empapado la camiseta que se pega a mi cuerpo y mis ojos se pierden en el horizonte del escenario mirando como los técnicos comienzan a recoger todo. La sala está casi vacía, pero yo no me muevo, estoy petrificada, desplomada, un técnico se acerca y me ofrece una botella de agua y me pregunta si me encuentro bien, la acepto, me la bebo de un sorbo y la dejo caer en el foso.
El técnico sigue a su trabajo mientras alguien me observa desde detrás del telón que cuelga en el final del escenario con el nombre del grupo, me mira y no deja de preguntarse qué me ocurrirá, todos se han ido y yo continúo allí, inmóvil, ni tan siquiera los de seguridad se han acercado a decirme que me vaya.
Tras pensárselo un poco rodea el telón, lo que me hace levantar la mirada al verle entrar de nuevo en el escenario, estoy alucinando, es él, Michael, mi batería preferido, mi sueño, es él. Sin moverme un pelo me quedo mirándole boquiabierta, aún más cuando en vez de irse a su batería como me esperaba le veo acercarse al filo del escenario y bajarse de él con un salto mientras la toalla le cuelga del cuello, qué alucine! Se acerca a mí y me mira a los ojos, "¿Qué te ocurre?" me pregunta con un español con tono inglés que no puede disimular. Levanto mi cabeza de la valla y me quedo derecha, mirándole a los ojos, sin decir nada, él espera una respuesta, pero a mí no me salen las palabras. "Genial, habeis estado geniales", le digo, "Gracias, pero ¿qué te ocurre?, llevas más de media hora sin moverte de aquí, ¿qué te ocurre?".
"¿Alguna vez te has quedado bajo las sábanas deseando seguir soñando? Solo esperaba, que no se acabase, me quedo esperando quedarme con el eco del concierto, buscar en mi mente lo que aún queda, poder llevarme algo más que los pitidos en los oídos, un dolor tremendo de pies y una camiseta sudada."
"Nunca antes me habían dicho algo así, nunca nadie me había dejado tan claro lo que siente con la música, nunca antes me había fijado en alguien como tú del público"
Esto van con una indirecta tremenda, descarado, ¿ir de grupie yo? Nunca lo había pensado aunque haya fantaseado muchísimo con él, además es él quien me está tirando los trastos. ¿Por qué no?
"¿Quieres llevarte algo más que el eco del concierto? ¿Quieres que sea inolvidable?" Sin responder me acerco al extremo de la valla donde el segurata me deja pasar sin problemas al ver la invitación de Michael. No hablo, ni tan siquiera le he dado dos besos, cualquiera diría que soy fan suya, estoy tranquila, serena, calculante, nerviosa.
Con un gesto me invita a su camerino, esto sí que es una sala, cada músico tiene su propio camerino con un baño con ducha, un sofá, un tocador tipo teatro, perchas, minibar.. está genial.
"Pasa y cierra la puerta", le hago caso y entro en la habitación, algo desordenada, con cosas de él por todos lados. Entro lentamente mientras se acerca a mí, había dejado la toalla en el sofá. Se acercó mucho, mi corazón latía cada vez más deprisa, mis piernas temblaban y estaba petrificada, no podía hacer nada, en otro caso me habría lanzado a besarle, pero no podía, estaba tan alucinada que esperé a que se acercase a mí y cogiendo mi cara con una mano, fuerte, con los callos típicos de los bateras, la acarició y la acerco hacia sí para besarme, lentamente, cariñosamente, para nada lo que yo esperaba, pero en ese momento desperté de mi ensoñación, sumergí mis dedos en su larga melena y apreté su cara hacia mi boca para besarle con mucha más fuerza y más rabia. Él, al ver mi respuesta se lanza sin censuras a agarrar mi culo y mis tetas como si no tuviesemos tiempo, "Lento" le susurro al oído, le descoloca, primero le beso con pasión, ahora le pido que vaya despacio. Esta vez tiro yo de él y me siento en el sofá, donde continuamos besándonos y acariciándonos sin cesar hasta que la temperatura sube en todo el camerino y comienza a quitarme la ropa, en pocos segundos nos encontramos desnudos el uno frente al otro. Nuestro sudor se mezcla en medio de respiraciones entrecortadas y el latir con fuerza del corazón que no es capaz de bombear tanta sangre a tantos puntos del cuerpo. No pierdo detalle, de su lunar junto al pezón derecho, el tatuaje que lleva en la espalda tras el hombro izquierdo, un dragón inmenso, su piel clara llena de un vello considerable, el justo para volverme aún más loca, hace el gesto de recogerse el pelo con una coleta pero le indico que no lo haga y yo me encargo de sujetarle el pelo mientras nos besamos sin cesar.
No sé de dónde sacó un condón que se puso sin a penas esfuerzo, comprendo que no se fíe de todas las grupies que se tira, así que no comento nada, además tampoco pensaba follármelo a pelo, cualquiera sabe dónde se ha metido éste. Sin darle importancia seguimos acariciándonos y besándonos sin cesar, nuestras manos se chocaban buscando en el cuerpo del otro. "Túmbate", me pide, y haciendo caso se coloca frente a mí, rodilla en el asiento del sofá, la otra en el suelo, con un ángulo un tanto curioso me penetra lentamente. Nunca antes me habían follado así, muy lentamente entraba y salía, cambiando el ritmo a una sacudida mucho más intensa para volver a reducirse dejándome totalmente descolocada y al mismo tiempo excitada. Los cambios de ritmo, la resistencia, la constancia, me confirmaron que los baterías follan bien. Estaba retorciéndome de placer cuando me dijo "me voy" y al 5º orgasmo que experimentaba me dejé llevar por una última vez antes de culminar con una de mis fantasías más ansiadas, y menos esperada. Se tumba hacia atrás, de quita el condón y lo tira en el suelo, quedando ambos tumbados en el sofá en lados opuestos. "Acércate a mí", me pide, y me tumbo encima suya, con la cabeza en su pecho.
"Es la primera vez que me acuesto con una grupie" Me confiesa "yo nunca he sido una grupie" le admito, dicho esto me ofrece un poco de cocacola que tenía junto al sofá, y quedo abrazada a su cuerpo desnudo durante un largo rato, hasta que llaman a la puerta. El guitarra del grupo le grita en inglés que se van a ir de copas, que tiene 5 minutos para estar listo, ambos nos vestimos y me invitan a salir de copas con ellos. Sin un euro en el bolsillo, con las llaves de casa y la entrada rota me voy con ellos a de bares, sorprendida del rumbo que ha tomado la noche y contenta de haber ido sola al concierto, acabando la noche hablando con todos los del grupo y sin dejar de besar a mi soñado batería, el cual me ofrece su teléfono móvil, que le rechazo. "Hoy es un sueño, un sueño que se quedara en mi mente para siempre, pero sólo será eso, un sueño, quizás en unos años nos volvamos a ver en un concierto, tú arriba, yo entre el público, en cualquier otra ciudad, en cualquier otro país, búscame, porque me encontrarás, pero no quiero tu teléfono, porque esto ha sido un sueño y así debe terminar." Dicho esto, sorprendido, me suplica que pase la noche con él en el hotel, sin pensármelo acepto la invitación y el momento se repite, esta vez en su cama, cuando despierto en cambio ya se ha ido, me deja una nota " A dream", había dejado dicho en recepción que me dejasen dormir, entregué la llave y me marché a casa con una sonrisa que nadie comprenderá jamás.

lunes, 10 de marzo de 2008

La bañera


Un día agotador en el trabajo, llego a las 7 de la mañana, las botas militares me duelen a más no poder, los pies están agotados, los oídos me pitan, las medias se me han roto... un día.. agotador.
No he cerrado la puerta y comienzo a desnudarme, el piso tiene pinta de que Juan ya está aquí, debe estar durmiendo la mona porque lo ha dejado todo por medio, del mismo modo que yo voy abandonando mi ropa al camino y entro al cuarto de baño.. prácticamente desnuda, no tengo ni sueño del cansancio que llevo encima. Abro el grifo y enciendo un par de velas, todo se va llenando de vapor mientras termino de quitarme la ropa y me introduzco en el agua.
Me sumerjo y el pelo se empapa del caliente agua mientras mis músculos se relajan, buff, qué descaso.. pienso mientras me recojo el pelo y cierro los ojos, dejando fuera tan sólo las rodillas y la cabeza.
Cojo la esponja y la lleno de gel, me acaricio los brazos y las piernas con ella a la vez que los olores cítricos me embriagan llevándome a un estado de relax, íntimo, personal. Cuando la esponja pasa por mis pechos mis dedos acarician los pezones que se endurecen al tacto a la vez que mi cuerpo se estremece, ¿por qué no? pienso, no hay nada mejor para relajarse que una sesión de sexo íntimo.
Sigo acariciando mis pechos a la vez que abandono a su suerte a la esponja y con la izquierda acaricio mi sexo, mis dedos acarician los labios, los separan para dejar acariciar la abertura con mi dedo central, rodeos, caricias. Continúo con mi clitoris, al que acaricio, presiono, juego con el. El placer se acerca a mí en forma de escalofríos que hacen que mi cuerpo se retuerza, no puedo ocultar mi placer mordiéndome los labios y cerrando los ojos, la otra mano sigue centrada en mis pechos mientras continúo acariciando mi punto más erógeno.
No necesito pensar en nada, solo en mí, en lo que siento, en el calor del agua, el frío de mi cara y el peso de mi cabello que se cae poco a poco por mi espalda. Dejo a mi pecho y dirijo mi otra mano a mi vagina para acompañar la caricia con la penetración de dos de mis dedos.
¿quien mejor que yo para conocer mi cuerpo? Me olvido del cansancio cuando un profundo orgasmo invade mi piel dejándome caer aún más relajada. Entonces el agua empieza a estar fría, la luz del sol entra bajo la puerta y decido que es el momento de irme a dormir.

domingo, 2 de marzo de 2008

La falda


Te recojo en coche, no sabes a dónde vamos, hemos quedado pero no hemos hablado a dónde vamos a ir. Me das dos besos y te pones el cinturón, "¿a dónde vamos a ir?" me preguntas, "es una sorpresa".
Arranco el motor y comienzo a conducir... pongo la radio y te pido que cambies el disco, me apetece escuchar algo en español, algo que pueda cantar. Me miras, estoy impresionante, dos coletas, gafas de sol de aviador, grises, llevo una camiseta de mangas cortas negra y la minifalda escocesa, con los calcetines por las rodillas de rayas rojas y negras y con las botas militares... te encanta como voy, te encanta esta ropa.
Cuando cojo la autovía y empiezas a darte cuenta de que el camino será largo vuelves a preguntarme, "confía en mí" te pido... te callas y miras a la carretera buscando una idea de a dónde vamos... me miras, no puedes apartar la vista de mis piernas, se levantan al ritmo del cambio de marchas, cuando piso el embrague levanto tanto la pierna izquierda que la falda se baja un poco.. estás embobado viendo las piernas, me miras y ves como mis labios tararean la canción que suena en la radio, me ves tan bonita cantando.
Cuando por fin ves la costa alucinas, te llevo a la playa, después de una hora de camino me aparto por un caminito, el sol se está poniendo y la luz rojiza del atardecer enrojece aún más mi cabello pelirrojo, las gafas de sol ya están de sobra, así que me coloco unas gafas de pasta negra, no me conocías mis gafas nuevas, qué morbazo te da verme con las gafas de pasta y las dos coletas, te encanta.
Sigo bajando por el camino y paro el coche en una explanada, "¿salimos?"me preguntas... "no, quédate aquí". En ese momento abro las piernas y bajo mi mano derecha, por un momento crees que voy a poner a masturbarme allí mismo, pero no, sólo voy a tirar de la palanca para echar para atrás el sillón mientras con la izquierda reclino el respaldo hasta quedar tumbada. "¿tienes?" me preguntas.
"ésa es mi sorpresa, hace un mes que tomo la píldora", buff, llevabas una hora caliente y ya no puedes más, me tocas el muslo cuando descubres que no llevo ropa interior, estas ardiendo, notas como la temperatura sube en todo tu cuerpo, sin esperar ni un momento te quitas la camiseta y los pantalones, lo dejas todo desparramado y te tumbas encima mía, no puedes creerlo. Me subes las falda y comienzas a penetrarme, lentamente mientras me subes la camiseta y me muerdes los pezones, no podías creerlo, el sol dejaba todo de un tono rojizo, se escuchaba el mar de fondo, sonido que ahogué con mis gemidos mientras notaba tu viril dureza entre mis muslos, el calor de tu piel frotándose con la mía, la respiración agitada del esfuerzo de tu movimiento, mis uñas se clavaron en tu espalda buscando el placer del dolor, "córrete conmigo, ahora, a la vez", y fue en ese momento donde yo sentí el semen dentro de mí, al mismo tiempo que un grito de placer dejaba todo en silencio, para dejar a las olas continuar con su música que envolvía el entorno. Un beso, suave, lento, un beso nos encerró en un brazo dejándonos dormidos hasta que el frío de la noche nos despertó y nos volvimos, aún tenemos que volver...