Semana Santa, días de máxima atención religiosa en Sevilla, me acerco a casa de unos amigos, no creo en Dios, ni en la iglesia, pero sí en las fiestas, si me llaman para una fiesta, allí que pienso estar.Con toda la gente llego en tren el jueves santo, me recogen unos amigos en la estación y llego al piso de uno de ellos, donde me quedaré a dormir, dejo la mochila con las cuatro cosas que me he traido y nos marchamos a evitar los pasos, a buscar un lote de wisky y con los pitis listos para empezar la fiesta. Atravesamos algún que otro paso y nos vamos a la "pila del pato" una placita pequeña, donde a penas hay gente y podemos acomodarnos en unos bancos, con "pásate un hielo" comienza la noche, "que rule" y que no deje de rular, es lo que pienso, no somos muchos, 7 u 8, y en menos de una hora ya algunos estamos algo contentos y empezando a decir cosas sin ningún sentido.
"¿Nos vamos de chupitos?" sin a penas esperar respuesta nos encaminamos a "la cuesta del rosario" a seguir bebiendo y fumando sin parar, esquivando a la policía y a los pasos de Semana Santa, todo una aventura.
Llegamos a un bar que llaman "La barbería" aunque no pone eso en la puerta, tampoco estoy como para saber por qué, allí conozco a más gente, aunque me fijo en alguien en particular, un chico rubito, joven, quizás un año menor que yo, ojos claros, piel clara, muy lindo, tiene un punto pijo que le da morbo, me encanta ser mala, muy mala.
Dos besos, un chupito, otro, otro, salimos fuera, hace calor, "quiero ver entrar a tal cristo", no lo creo, me estoy ligando a un capillita, esto va contra mis normas, pero las normas están para saltárselas, no? Le acompaño con idea de no perderle de vista, una vez que salen todos los nazarenos, hasta el último, entramos a la iglesia, no sé aún qué hacía yo allí dentro.
La iglesia se queda desierta, todos han salido, me quedo unos pasos por detrás de este chico, no se ni su nombre, miro a un lado, y una sonrisa se me dibuja en la cara, un confesionario, brutal, empiezo a saber qué hago dentro de una iglesia, follar, como siempre.
Le cojo del brazo y sin dejarle preguntar le meto dentro, su fe cristiana y su santidad desaparecen cuando le ataco el cuello como si de una vampiresa me tratase, su olor a Armani Code y mis pulseras de pincho se cruzan en un sinfin de perversiones, le abro la camisa y sigo mordiendo y besando todo su cuerpo, el no sabe que hacer, respira agitadamente, me dice "esto esta mal" entre susurros y convulsiones que le hacen callar en cuanto agarro su pene con fuerza, aún por fuera de la ropa, termino de quitarle la camisa de cuadros mientras el despierta su espíritu animal y me quita la camiseta con cierta torpeza, estamos en un lugar pequeño y no cabemos, suerte que llevo falda y medias de liguero, eso facilita las cosas del mismo modo que excita a este virginal chico que alucina olvidándose de la larga lista de pecados que está cometiendo. Que es virgen lo se desde lejos, eso se huele, y se nota, pero me excita ser su primera experiencia, creo que le pondré el listón bastante alto pero también le enseñaré muchas cosas.
El olor a Armani se va llendo dando lugar al olor a sexo, a sudor, a feromonas, la saliva nos cubre y nuestras manos se chocan buscando lugares donde tocar o dónde coger. Él aún se encuentra sentado, me siento en el suelo y le bajo los pantalones, intenta "ayudarme" a subir pero no se lo permito, sin tocarle el pene le agarro por la cintura y lo introduzco en mi boca, un leve gemido sale de su boca, no puedo creerlo, es totalmente virgen. Tras un rato comiéndole la polla me quito el tanga y me siento en sus piernas, "¿tienes?" me pregunta con un cierto temblor en su voz, "tranquilo, no necesito, tu no puedes tener nada si eres virgen y yo sé que no tengo nada porque me hago análisis a menudo", sonriendo confía en mí y no dice nada más. Pero aún no le voy a follar, me siento encima suya, dejando que el flujo de mi vagina humedezca su pene, vibrante de excitación, y me centro en sus pezones, los que muerdo y lamo asta que una sonrisa le invade la cara. "Creo que me correría de un momento a otro", me dice, "aguanta" le respondo, y sin que le de tiempo a reaccionar introduzco su pene en mi vagina y me agarro a parte de la escultura del confesionario barroco para comenzar a moverme sin parar, con cambios de ritmo, no sabe qué hacer, así que le coloco las manos en mi culo y espalda, que acaricie lo que le plazca, hoy no espero nada, solo quiero que alucine y que no me olvide, que no olvide el modo en el que perdió la virginidad.
Se corre rápido, no es raro, es su primera vez y además le he dado una caña tremenda, yo tan sólo he conseguido un orgasmo pero me contento al tener al menos uno, en alguien virgen es todo una proeza y además me he concentrado en que sea él quien disfrute, sin olvidarme de la excitación que me ha dado el confesionario, su olor a pijo, su inocencia. Me aparto y me pongo el sujetador, de pié, frente a el, que se queda mirándome con cara de bobo, "vístete, nos nos vayan a pillar", despierta de su ensoñación y se sube los pantalones, como si ahora se diese cuenta de todo lo que acaba de hacer, el suelo está lleno de semen y por todos lados hay restos de sudor. Me asomo y no hay nadie en la iglesia, "vámonos" le digo, y me sigue hasta fuera y una vez de nuevo con los amigos, que seguían bebiendo chupitos sin parar me pregunta "¿cómo sabías que era virgen?". Nunca le respondí.



