Mi vida no puede ser normal, tiene que ser agitada, y como era de esperar en mi, socialmente comprometida, no pude faltar a la última manifa en contra del desalojo de un centro social okupado. No faltaron los gritos, la resistencia, la furia en mis venas que alimentaban la rabia de saber que por mucho que hiciesemos sería inevitable el final que todos estábamos viendo.Cuando los antidisturbios entraron a cargar contra nosotros, toda esa rabia se tradujo en agresividad que nosotros descargábamos contra los armados policías. No pude creer lo que vi, a él, a aquel chico que hacía años que no veía, no podía creer lo que estaba viendo. Se acercó a mí y sin reconocerme intentó detenerme, se encontró que tras mi femenina figura se ocultaba una fuerte resistencia, por mucho que luché consiguió reducirme, yo sabía quien era él, pero parece ser que no me reconoció a mí.
Una vez con las manos esposadas a la espalda me agarró con fuerza y me llevó a un furgón, cualquier cosa con tal de no entrar allí, era lo que tenía en mente, así que dije que me asfixiaba, que me cachease fuera. No dudó y me puso de cara al lateral de la furgoneta, el barullo estaba lejos y nadie nos echaba cuenta y como tenía las puertas abiertas el furgón, ni tan siquiera nos veían. "A ver que traes" me dijo mientras cacheaba normalmente mis axilas y mi torax, sin propasarse, solo cacheaba. "Te conozco", le digo, para y sigue cacheando "eres Carlos, nos conocimos en un bar hace 4 años, no se nada de ti desde entonces, recuerdas a Miguel? Sabes que ya es papá?" En este momento se para del todo y me dice a la oreja "¿a que juegas?" con tono violento, pero yo no conforme con la paliza que ya me había tenido que dar al reducirme y con la detención, me doy la vuelta, a lo cual no encuentro oposición ninguna. Me mira de arriba abajo, buscando reconocerme, y mientras me observa paso mis manos hacia delante, el exceso de flexibilidad en los hombros es útil en estos casos. "¿Qué haces?", me grita, "ayudarte a que me cachees" le susurro mientras abro las piernas. Entonces me mira a los ojos, y susurra "ya te conozco", jugandose el pellejo comienza a cachear mis piernas de un modo mucho más íntimo y me sugiere que le acompañe a unos de los coches patrulla. Por radio le dice a los compañeros que se va solo con una rebelde para llevarla a la comisaria, mientras los demás siguen forcejeando con los demás.
En estos momentos olvido la causa, solo puedo ver la fibra del antebrazo que me sujeta, la anchura de hombros desarrollada a base de ejercicio y la mandíbula afeitada que muestra su viril rostro. Al final he tenido suerte, y puede que en vez de una paliza en el furgón me lleve otro tipo de paliza en el coche patrulla.
No digo nada, no quiero cagarla, me sangra el labio después de tanto forcejeo, me siento atrás, como detenida que estaba y Carlos se sienta al volante, por el espejo retrovisor ve cómo me lamo el labio buscado la herida y la sangre enrojece mis labios, sonríe y coge un desvío a un polígono industrial, no es precisamente una comisaría aquello.
Aparca y se sienta atrás, no tiene intenciones de quitarme las esposas, y eso me excita aún más. "¿Cómo haces eso con los brazos?" me pregunta mientras se acerca a mí, esta vez ya sólo lleva el uniforme, sin el casco o el chaleco, joder qué bien le sienta el papel de policía, "y pensar que nos fumabamos pitillos juntos y me buscabas cubatas cuando yo aún era menor de edad", le susurro, se acerca y me invita a colocar mis manos en el reposacabezas del coche, "¿quieres que te detenga de verdad?" me dice con una voz mucho menos agresiva y mas bien sexual, "no voy a oponerme a la ley" y dicho esto comienza a besarme el cuello, a jugar con mis orejas y mis labios, besarme poco a poco, mientras sus manos se iban encargando de levantar la camiseta de lycra que deja a la altura de las esposas. Esto es una tortura, no puedo hacer nada, me apetece tocarle, morderle, desnudarle, pero no, tengo que conformarme con esperar, este es el peor castigo.
Se quita el cinturón y se abre la camisa, mientras me quita poco a poco los pantalones, se nota que estoy excitada y eso le hace ir aún mas lentamente, cuando por fin me deja desnuda me acaricia el pelo, cualquiera diría que es una violación pero no dejo de desear que me toque, que me bese, que me acaricie, y que me penetre.
Sigue besándome mientras se arrodilla en el suelo de la parte de atrás del coche, con el cristal de seguridad no hay a penas espacio, pero se ve que no es la primera vez que lo hace. Coloca mis piernas sobre sus hombros y se coloca un preservativo mientras con su otra mano acaricia mis senos y los soba asta hacerme enloquecer, se inclina y me lame el ombligo, por un momento parece que va a bajar a comerme el coño pero en ese momento me penetra sujetando mis piernas con sus fuertes brazos, puedo verle, con la camisa abierta, con sus fuertes pectorales asomando, goterones de sudor bajan por su cuello mientras sus labios se aprisionan mostrando leves sonrisas de placer, y yo no puedo más, no puedo tocarle, ni besarle, me conformo con recibir, pero es brutal el placer que me esta proporcionando, no puedo dejar de verle mientras me penetra, ver como su pene entra en mi vagina y todo se llena de flujo. Entonces me doy cuenta de lo que está ocurriendo, después de esto me dejará marchar? Me detendrá? Me llevará al calabozo? Tan solo pensarlo me pongo más cachonda pensando en que sea él quien me vigile las noches en el truyo, ya empieza a darme igual. Las ideas se van de mi mente y dejan paso a ardientes gemidos que son ahogados con un leve chillido que se compagina con el momento en el que noto que las manos fuertes de Carlos aprietan mis piernas, tanto que después de la paliza recibida incluso puede llegar a dolerme, y ahí me quedo, cansada, dolorida, complacida.
Complacida pero detenida, "venga, que una cosa es que tengas un polvazo y que me apeteciese desde que bajé del furgón y otra cosa es que te escaquees, que a mi me piden explicaciones" y quedando escusado me vuelve a vestir, me besa la herida del labio "lo siento" me susurra, me pide que deje las manos atrás y deje de jugar con los brazos y se sienta delante, llevándome al calabozo con los demás compañeros de la manifestación, solo que yo ya no estoy rabiosa, estoy relajada, y me quedo sentada, dentro del calabozo, lamiendome la herida y respirando hondo. Nadie me dice nada, nadie sabe lo que acaba de pasar.

1 comentario:
Es bueno. Lo del coche de policía tiene su punto jaja.
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