He venido a verte unos días y salimos a dar una vuelta, me enseñas tu ciudad, tus bares, tus calles, tu vida. Me haces formar parte de ella y yo sonrío agradecida, me gusta saber que para ti soy alguien.Entramos en tu piso y dejamos los abrigos en la entrada, tu entras en la habitación mientras yo entro a lavarme los dientes y a quitarme las lentillas en el baño, cuando vuelvo con mis boxers negros y los calcetines de rayas rosas, dejándome sólo una camiseta negra de tirantas...
Al entrar en la habitación me miras por encima del filo de tus gafas, estabas tocando el bajo, sentado en una silla bajo la cama, me miras, con un dedo ajustas tus gafas y dejas el bajo a un lado, embobado, mirándome, yo sigo ahí, en la puerta de tu habitación, con el pelirrojo cabello cayendo por mi espalda, y el escaso flequillo que me cae por los ojos que los hace aún más bonitos, a pesar de ser marrones, el marrón oscuro de mis ojos y el brillo de mi mirada te encanta, son grandes, redondos, sonrientes, al igual que mis labios carnosos, que te sonríen tímidamente, te levantas de la silla, lentamente también, te quitas las gafas y las dejas en el escritorio, me miras, me analizas, me besas lentamente, sin tocarnos... sólo tus labios me unen a tu cuerpo.Me aparto del marco de la puerta y te empujo para cerrarla, seguimos besándonos, mientras te quito la camiseta, me centro en tu pelo, me vuelve loca tu cabello, enredo mis dedos en tu cabeza mientras la otra mano acaricia tu espalda, ya estamos dentro de la habitación, en el suelo, de pié, descalzos, besándonos, lentamente, despacio.
Te quitas el cinturón y dejas caer los pantalones, saltas fuera de ellos y me acercas a ti, tus manos son tan cálidas, tan suaves. Acaricias mis brazos, mi espalda, me besas el cuello y introduces tus manos en mis boxers, yo te imito y acercamos nuestro sexo, deseosos de tocarse, de juntarse, bajas las manos y tocas el filo de los calcetines, te ponen a mil y no puedes permitir que me los quite, quieres follarme así, sin quitarme nada de ropa, sólo la necesaria.
Te bajo tus boxers de rayas grises y negras, tan originales, mientras me apoyo en el filo de un peldaño de la escalera y te acerco a mí. Seguimos besándonos, con los cuerpos muy cerca, con los miembros rozándose, con la dureza de tu excitación entre mis piernas, me quito mis boxers y dejo un pie en un peldaño, eres de mi estatura, será una posición genial, será estupendo quedarnos así.
Puedes ver mi pierna en alto, la otra se mantiene firme en el suelo, ambas quedan abiertas y puedes ver completamente mi sexo, lo ves, lo acaricias, lo agarras con tu mano izquierda mientras que con la derecha me agarras el cuello y me besas apasionadamente, dejas de agarrar mi coño para introducir tus dedos, para masturbarme, yo me agarro con ambas manos a los barrotes de las escaleras, tengo la espalda apoyada en los peldaños y dejo caer mi cabeza hacia atrás dejándome llevar por el placer que me transmites, ves mi cuello solitario y te inclinas para morderlo, para besarme cada trozo de mi piel que puedes ver que queda libre.
Me agarro con más fuerza, mi respiración se agita y ya no puedo más, dejas de masturbarme y comienzas a penetrarme, de pie, sin contemplaciones, una embestida tras otras, escucho la agitación de tu respiración tras el sonido de mis gemidos, me clavo el filo del escalón en el culo y en la espalda, pero da igual, estoy a mil, estamos a mil. Ya no tenemos frío, el calor ha inundado la habitación y el cristal de la ventana se ha empañado, el calor de nuestros miembros se frotan para proporcionarnos el placer buscado, para encontrarse entre ellos como si tuviesen vida propia.
No quiero gritar, me da vergüenza, soy muy ruidosa y me da mucho palo que te des cuenta, así que entre gemidos te muerdo la garganta de modo que el dolor se mezcla con el placer que te invita a correrte conmigo, y cuando parecía que no ibas a dejar de penetrarme sales y te corres en mis piernas, llenando de semen mis muslos, mi barriga, mi coño, incluso los calcetines se han llenado de semen. Tu también estabas agarrado a los barrotes de las escaleras, te quedas así, agarrado, mirándome, mientras recupero el aliento me besas en los labios, un beso corto, suave, y sigues respirando agitadamente, agarrado como si te fueses a caer, recuperándote.

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