Durmiendo la siesta, en tirantas, con unos shorts deportivos que dejaban ver el pliegue de mi culo con mis piernas, enredada en una suave manta azul que me arropaba, así despierto, con la televisión muy bajita, no sé que estaba viendo pero la apago de manera distraída y me dirijo al baño para lavarme la cara, son ya las 6 y media de la tarde, Juan está a punto de llegar y yo aún así. Saliendo por el pasillo entro en mi habitación y cojo los altavoces con el ipod, los enciendo y los dejo en la cocina. Vaya desastre, se nota que es lunes y lo último que tenía en mente el fin de semana de después de los exámenes era limpiar la cocina, ni yo ni Juan, claro está, que por cierto, ¿este no sale del curro a las 5? ¿Dónde se ha metido?
No le doy más vueltas y subo la música, soy demasiado nerviosa como para tomarme un café y lo único que me despiertan son un poco de agua fría y la música bien fuerte. La discografía de Fito y los Fitipaldis es la elegida, la coloco en aleatorio y pronto suenan temas como “Whisky Barato” o “Trozos de Cristal” que me hacen cantar y bailar de manera alegre, no sé por qué motivo pero me encuentro muy feliz, no ha pasado nada especial, pero me apetece bailar.
Me coloco el delantal, llevo tan poca ropa que como algo se vierta me ensucio seguro, estoy en chanclas y no tengo frío a pesar de encontrarnos en el inicio de la primavera, será que el sol entra por la ventana y calienta la pequeña cocina del piso alquilado. No tardo en coger los platos y cacharros y amontonarlos en el fregadero mientras bailo al son de las notas de swing que me hacen despertarme poco a poco... dejo caer el agua en mis manos y me pongo a fregarlo todo, dejándolo secar en el escurreplatos, “esto le toca a Juan” me dice mi mente mientras termino de secarme las manos.
En ese momento se escucha la cerradura de la puerta, “hablando del rey de roma”, le grito a través de la música, “pues va a ser que no, me responde, hoy sólo estoy para celebrarlo, mañana lo recojo”, “¿celebrar el qué?” le pregunto mientras entra y comienza a bailar conmigo, parece que también ha tenido un buen día, “me dejan fijo por las mañanas, ya no comerás sola nunca más”. A pesar de que sólo somos compañeros de pisos, y de fiestas, y amigos, le beso, me parece genial, me ilusiona ver que la cosas le vayan bien después de tantos agobios, para ninguno es fácil estudiar y currar a la vez, y mucho menos cuando cada día tienes un horario diferente, al menos yo siempre curro a la misma hora, en el bareto más rockero de la ciudad.
El beso le coge de improviso, y lo acompaño de un fuerte abrazo que me corresponde, dejamos el delantal encima de la encimera y me coge en brazos, dejando que mis piernas le rodeen, estamos celebrando su ascenso, y sin cruzar palabras, nos besamos, en el descansillo, sin llegar al salón aún, el piso es para nosotros, como siempre, pero nunca antes le habíamos dado tal uso, a pesar de todo, las prisas nos corrompen ante tanta energía positiva. Sus besos se trasladan a mi pecho, sin sujetador, se encuentra directamente con mis senos que besa y muerde mientras sus manos agarran con fuerza mi culo hacia sí. Aunque nunca antes habíamos practicado sexo sí que habíamos hablado de ello y sabía perfectamente cómo me gustan las cosas, al igual que no olvido cómo le gusta llevar el control, así que me dejo llevar, confío en él y sé que su control nunca será agresivo o peligroso, así que me limito a dejarle celebrar el trabajo asegurado y de paso ambos celebramos que se acabaron los exámenes de febrero.
Sigo con mi espalda apoyada en la puerta del piso mientras nos veo en el espejo que ocupa la entrada, no tenemos ninguna luz encendida pero la que entra por la cocina y por el salón nos ilumina lo suficiente como para no perder detalle de lo que ocurre, del calor que nos invade.
Aunque sea Juan quien marque el ritmo, tampoco quiero quedarme atrás, y aprovecho que me deja de besar por un momento para quitarle la camiseta, joder, nos vemos desnudos a menudo pero nunca me había excitado de este modo, la felicidad se nota en cada poro de su piel y eso yo lo noto, lo noto y me gusta, me gusta ser feliz, me gusta pasarlo bien, y me gusta compartirlo.
Tras este gesto le entran las prisas, velocidad, aunque tengamos todas las horas del mundo, quiere un polvo rápido, uno divertido, agresivo, apasionado. Sin preliminares, directo al grano, directo al sexo, al orgasmo, y tanta velocidad me excita aún más. Me deja de pié en el suelo, me baja los shorts mientras me quito la camiseta, y no tarda nada en quitarse sus pantalones, no hace falta hablar, sabe que tomo la píldora y yo se que no tiene nada, ambos nos hacemos pruebas cada varios meses, no hay peligro, podemos follar a pelo.
Vuelve a cogerme en brazos, aunque nos hayamos visto desnudos, nunca le había visto empalmado y menudo miembro que tiene, me sorprende, lo he tenido siempre aquí y nunca antes me había dado cuenta, el tamaño también me excita, me hace sentir que va a ser algo genial, que está siendo algo genial. Es entonces cuando las prisas me entran a mí, sin dudarlo me encaramo del mismo modo, para su cuerpo viril mis a penas 55 kilos de peso son una broma y no tarda en coger el ritmo, moviéndome él, estando en sus brazos, mis pies abrazan su espalda y mis brazos se agarran con fuerza a su pelo dejándome llevar por el sube y baja que no cesa, a pesar de ser más alto que yo en esta situación todo queda perfecto para que me pueda morder los pezones sin dejar de follar, de penetrarme.
Siento el calor de su pene, el roce de sus testículos, la humedad de mi excitación, el sabor de sus besos, el olor de su piel, la fuerza de sus manos, el movimiento de sus musculosos brazos. No me contengo y comienzo a gemir, esto le pone aún más cachondo y en vez de bajar el ritmo lo aumenta, parece que no se va a cansar nunca, parece que no va a llegar, pero llegamos, un grito ahogado deja claro que yo he rozado el climax mientras noto dentro de mi el fluido de su placer, y cómo me abraza un momento, como mareado, también ha llegado, y le ha gustado tanto como a mí. Ambos estamos allí, casi a oscuras, ya el atardecer da paso a la noche, y me deja en el suelo, ambos sudorosos, con la respiración agitada, nos miramos, no es un beso, sino un enorme abrazo, un abrazo de dos amigos que se quieren mucho, el que nos devuelve a la tierra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario