lunes, 10 de marzo de 2008

La bañera


Un día agotador en el trabajo, llego a las 7 de la mañana, las botas militares me duelen a más no poder, los pies están agotados, los oídos me pitan, las medias se me han roto... un día.. agotador.
No he cerrado la puerta y comienzo a desnudarme, el piso tiene pinta de que Juan ya está aquí, debe estar durmiendo la mona porque lo ha dejado todo por medio, del mismo modo que yo voy abandonando mi ropa al camino y entro al cuarto de baño.. prácticamente desnuda, no tengo ni sueño del cansancio que llevo encima. Abro el grifo y enciendo un par de velas, todo se va llenando de vapor mientras termino de quitarme la ropa y me introduzco en el agua.
Me sumerjo y el pelo se empapa del caliente agua mientras mis músculos se relajan, buff, qué descaso.. pienso mientras me recojo el pelo y cierro los ojos, dejando fuera tan sólo las rodillas y la cabeza.
Cojo la esponja y la lleno de gel, me acaricio los brazos y las piernas con ella a la vez que los olores cítricos me embriagan llevándome a un estado de relax, íntimo, personal. Cuando la esponja pasa por mis pechos mis dedos acarician los pezones que se endurecen al tacto a la vez que mi cuerpo se estremece, ¿por qué no? pienso, no hay nada mejor para relajarse que una sesión de sexo íntimo.
Sigo acariciando mis pechos a la vez que abandono a su suerte a la esponja y con la izquierda acaricio mi sexo, mis dedos acarician los labios, los separan para dejar acariciar la abertura con mi dedo central, rodeos, caricias. Continúo con mi clitoris, al que acaricio, presiono, juego con el. El placer se acerca a mí en forma de escalofríos que hacen que mi cuerpo se retuerza, no puedo ocultar mi placer mordiéndome los labios y cerrando los ojos, la otra mano sigue centrada en mis pechos mientras continúo acariciando mi punto más erógeno.
No necesito pensar en nada, solo en mí, en lo que siento, en el calor del agua, el frío de mi cara y el peso de mi cabello que se cae poco a poco por mi espalda. Dejo a mi pecho y dirijo mi otra mano a mi vagina para acompañar la caricia con la penetración de dos de mis dedos.
¿quien mejor que yo para conocer mi cuerpo? Me olvido del cansancio cuando un profundo orgasmo invade mi piel dejándome caer aún más relajada. Entonces el agua empieza a estar fría, la luz del sol entra bajo la puerta y decido que es el momento de irme a dormir.

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